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18.6.09

2.7.08

Encuentre a 4 jugadores argentinos que suman más de 60 millones de euros
















En esta foto de un cumpleaños juvenil allá por el 2002, hay 4 jugadores que, un par de años después, pasaron a valer juntos más de 60 millones de euros en el mercado internacional.

A los que adivinen los 4 nombres, a vuelta de correo les cuento quién es el verdadero amor de Zaira Nara.

29.6.08

Cuando ganar no es lo más importante


Fabrice Santoro - US Open 2005- 2da. Ronda vs Roger Federer, el mejor de la historia.
Nunca ganó un Grand Slam. Ya no estará en el circuito a partir del 2009. Pero quedará en la memoria de todos los amantes del tenis.

21.12.07

Regalos de navidad



"Un ladrido de amor vale más que mil palabras hipócritas."




http://www.asociacionsanroque.org/

18.12.07

Si Dios viene sólo con 2 GB de memoria...


... ¿cómo pretendo yo acordarme de lo que hice la semana pasada?

A los que quieran regalarlo para estas navidades,
sólo vale u$s30.-

Acá. (La monja no viene incluída)

7.12.07

Prohibido descargar este material
















Queda terminantemente prohibido hacer
click en la foto y descargar el material que irresponsablemente los vándalos de siempre suben a la red con fines inconfesables, sin reparar en el daño que producen en la creatividad de nuestros músicos, profundamente afectados en su más íntimo fortalecimiento financiero mientras otros trabajadores, verbigracia, los cartoneros, no sufren este saqueo a su, por cierto, fructífera imaginación.

3.12.07

Pablo Llonto, o cuando la verdad molesta


Hace unos años, mi amigo y colega Alejandro Duchini en la reunión mensual de redacción de La Posta me propuso hacerle una entrevista a un periodista, no muy conocido por mí, pero con una trayectoria de una dignidad sin par dentro del gremio del periodismo deportivo, o del periodismo a secas: Pablo Llonto.
La excusa era la aparición de su libro, ciertamente maldito, una especie de biografía no autorizada de la mujer más poderosa del empresariado mediático argentino:
Ernestina Herrera de Noble, dueña del Grupo Clarín.
La idea me pareció estupenda, y la entrevista de Alejandro a Pablo Llonto salió en el número siguiente de La Posta.
Hace unos días Llonto fue "noticia", no como periodista sino como abogado de la familia de
Diego Muñiz Barreto, el diputado peronista secuestrado por la dictadura en 1976 y por cuya causa Luis Abelardo Patti está preso en Marcos Paz.
En el marco de esa noticia,
-Patti finalmente iba preso después de 24 años de figurar en todas las listas de represores, imputado por crímenes de lesa humanidad-, una despistada Magdalena Ruiz Guiñazú tuvo la desgracia de entrevistarlo a Llonto en su programa de Radio Continental.
Desgracia para ella, ya que Llonto le dio al aire una clase de periodismo.
El tema que toca el periodista y abogado con la noble Magdalena es justamente la complicidad civil con el autodenominado "Proceso de Reorganización Nacional".
Una complicidad tan discreta que es justamente la que pone las trabas, aun hoy, para el avance de ciertas causas que involucran a civiles con poder.
Como el caso de Ernestina Herrera de Noble, claro, a la que se la acusa de haberse apropiado ilegalmente de dos menores durante la dictadura militar.
Una dictadura que casualmente le concedió a su grupo y a La Nación acciones en Papel Prensa, de San Pedro, para que obtengan papel a precio más barato que un mensuario barrial.


O en nuestra región, donde también hay políticos, sindicalistas, eclesiásticos y hasta jueces que se verían en problemas si las causas avanzan a fondo para saber qué fue de decenas de delegados fabriles, estudiantes, comerciantes, docentes, periodistas , obreros secuestrados, torturados y desaparecidos.

Para los que quieran escuchar la discusión que mantuvieron al aire Llonto y Ruiz Guiñazú, pueden visitar el blog del colega Juan Pablo Mansilla.

8.10.07

Cristina hace campaña en New York


¿También gobernará desde allá?

6.9.07

Cristina version 2000


Noten el detalle del pelado que aparece detrás en los primeros segundos...¿quién es?
Acertaron, es Varizat, quien se cargó a 17 manifestantes en Río Gallegos con su 4x4.
En ese entonces era Senador por Santa Cruz, como Cristina.

17.8.07

El albatros



"Un recuerdo de hace años. Estoy en un tren suburbano que salió de Retiro con veinte minutos de atraso y en la primera estación vuelve a detenerse unos quince más. Los pasajeros comentan en voz alta, protestan. El único que parece no darse cuenta de nada es el flaco de piernas largas que está sentado frente a mí. Mantiene la radio portátil pegada a la oreja, escucha un partido de fútbol. Mira a través de la ventanilla y llora. Llora en silencio, sin gestos, inexpresivo. Las lágrimas ruedan por las mejillas y van a mojar la remera color crema. Termina el primer tiempo y apoya la radio sobre el asiento. Advierte que lo estoy observando. –Qué grande –dice. –¿Qué cosa? –pregunto.–El Bocha. Grande, grande. Bochini es lo máximo. Saca un pañuelo y se seca los ojos. –Siempre me hace llorar. Suspira. Se sopla la nariz. Guarda el pañuelo en el bolsillo de la campera.–La primera vez que lloré fue en mil novecientos setenta y tres. Esa tarde me escapé de la escuela y fui a ver por televisión el partido de Independiente con la Juventus. Jugaban en Roma. Los rojos iban en busca del título mundial. Veintiocho de noviembre de mil novecientos setenta y tres. Faltaban unos quince minutos para que terminara el partido, o menos de quince, y de pronto apareció el Bocha, agarró la pelota y no lo paró nadie, se fue solito hasta el fondo del arco de los tanos. Se cierra la campera, se frota los brazos con fuerza. –Cada vez que empiezo a hablar del Bocha y de Independiente me dan escalofríos. Se para, golpea los tacos de los zapatos contra el piso, se despereza, vuelve a sentarse. –Poco después de aquel partido con la Juventus tuve la suerte de conocerlo personalmente al Bocha. Mi padrino, el primero que me llevó a una cancha, el que me enseñó a amar a los rojos, me lo presentó en los vestuarios del club. Yo tenía doce años, el Bocha diecinueve. Fue algo increíble. Desde entonces jamás le fallé un partido. Voy de cualquier manera. A menos que jueguen afuera, como hoy. Bochini es único, el más grande, un adelantado.El tren arranca y se detiene apenas salido de la estación. Se oyen las voces indignadas de los pasajeros. –Tengo un amigo, un tipo grande, siempre me dice que De la Mata era mejor. Me cuenta cómo una vez, en la cancha de River, se apiló a siete y se la mandó a guardar. Yo no le discuto, pero después del triunfo con Estudiantes en la Copa, cuatro a uno, lo encontré y lo paré en seco: “Ya sé, ya sé, no me digás nada, De la Mata era mejor, pero ayer Dios se puso la camiseta número diez y goleamos”.El tren da marcha atrás y regresa a la estación. Algunos pasajeros bajan, se juntan en el andén y tratan de averiguar qué está pasando.–Y aquella noche del verano del setenta y ocho, jugábamos con Talleres, habíamos quedado con ocho hombres, y de pronto, cuando ya estábamosresignados, cuando todo parecía perdido, apareció el genio del Bocha. Lloré. Después vino la final del setenta y nueve, con River, y el Bocha se mandó dos goles. Dos. Y de nuevo lloré. Me acuerdo de otro gol para la historia, en el Monumental, perdíamos uno a cero, Bochini la agarró en nuestra área, el área del río, y se la llevó hasta el otro arco: uno a uno. En un ratito ya estábamos ganando dos a uno. Y otra vez a llorar. Saca el pañuelo y se lo pasa por los ojos. –Mi mamá se preguntaba por qué lloraba cada vez que ganaba Independiente y me mandó al psicoanalista. Pero nadie podía entender, ni mi vieja, ni el psicoanalista, ni los amigos, ni mi novia que me dejó porque no aceptaba mi compromiso de los domingos con Independiente. ¿Cómo se hace para explicar ciertas cosas? Para ellos no significa nada que mi apellido tenga trece letras, igual que Independiente, o que el Bocha sea de mi mismo signo. Se oye el silbato del guarda. Los pasajeros que habían bajado al andén se apresuran a subir. –Cuando mi padrino se puso mal lo fui a ver a la clínica, no reconocía a nadie, le tomé la mano y me quedé un rato sentado al lado de la cama, le hablé al oído: “Padrino, ayer le ganamos a Ferro y el domingo nos toca con Boca, ya estamos a un punto del primero”. Me levanté para irme, llegué a la puerta y oí la voz de mi padrino que me preguntaba: “¿Jugamos en Avellaneda o en la Bombonera?”. Fueron sus últimas palabras, murió esa noche. Siguen unos minutos de respetuoso silencio. Una vez más el tren se pone en movimiento, deja atrás la estación, levanta velocidad. –Ahí empieza el segundo tiempo –dice el flaco. Se apoya la radio contra la oreja, se acomoda en el asiento y fija la mirada en las grandes nubes blancas inmóviles sobre el horizonte. El flaco se está yendo, me abandona, se va, se fue. Ése es el recuerdo.Pienso en la imagen de aquel flaco y, lo mismo que entonces, me digo que quizás, en alguna parte del mundo, también a mí me esté esperando uno de los tantos paraísos perdidos. El paraíso perdido que me corresponde. En alguna parte. ¿Pero dónde? "
Antonio Dal Masseto
Publicado en Página 12, el 2 de diciembre de 2002

1.8.07

Contra el periodismo

Muchas veces uno se encuentra con textos con los que simpatiza, con los que disiente o con los que simplemente te sentís indiferente. O aquellos textos donde te salteás el 90 % del material buscando una idea, un dato, algo.
El siguiente es uno de esos que suscribiría línea por línea.
Lo escribió un tipo que se murió el sábado pasado, al romperse la crisma luego de resbalarse en su casa.
Tenia 48 años, era periodista, y se llamaba Claudio Uriarte.
Haraganes o fast readers, abstenerse. El texto se llama “Contribución a la crítica de la verdad periodística”
Un fragmento aquí, el resto en el blog "Malas Palabras"

La gente ya no es culta: es informada. Las conversaciones se vuelven intercambios de cocktail, pases de salón, slogans de estúpidos de Flaubert, contraseñas universitarias mal aprendidas. La capacidad de atención y concentración disminuye. Cualquier intensidad es tachada de “autoritaria”, “terrorista” o “loca”. La filosofía universal es el esceptisismo vulgar, el cinismo de barrio.

15.7.07

Salió LA POSTA de invierno

Desde mañana lunes 16, en el kiosco de tu barrio.
No te dejes pasar.


(Click en la foto para ampliar la tapa)

27.5.07

Cabecita calesita en el Coliseo

Con 57 años, Luis Alberto Spinetta puede hacer algo que la mayoría de los rockeros de su generación envidiarían: brindar un concierto impecable, en un teatro de acústica impar como el Coliseo de Zárate y con un nivel de interpretación sin fisuras en cada integrante de su banda.

Acompañado por Claudio Cardone en teclados, Nerina Nicotra en bajo y Sergio Verdinelli en una batería con mucho de tambor tribal, el Flaco recorrió parte de su último disco , "Pan", donde destacan temas como "Cabecita calesita"y "Atado a tu frontera", sin dejar de recorrer segmentos de su interminable repertorio construído a lo largo de 40 años, en las antípodas del rock cabeza.