21.7.06

Hace 30 años, caía el hombre más buscado de la argentina

El miercoles se cumplieron 30 años del asesinato de Mario Roberto Santucho, el último líder guerrillero guevarista de la Argentina.
El 19 de julio de 1976 una partida del ejército al mando del Capitán
Juan Carlos Leonetti irrumpió en uno de los departamentos del 4º piso de un monoblock de la calle Venezuela en Villa Martelli, encontrándose con la cúpula guerrillera más buscada por la dictadura militar.
Apenas un año antes la organizacion armada que había fundado Santucho, el
Ejército Revolucionario del Pueblo, emitió un optimista documento para la insurgencia revolucionaria del país, titulado "Argentinos, a las armas", interpretando la debacle del gobierno lopezrreguista de Isabel Perón como una oportunidad para el ascenso de las masas hacia la conquista de la revolución socialista. La teoría del "foco revolucionario" en el monte tucumano fue rápidamente aniquilada en 1975 con técnicas contrainsurgentes que luego se sistematizarían tras el golpe militar del 24 de marzo.
Una serie de reveses militares, producto de la infiltración militar de sus propios cuadros pasando información sensible al enemigo, fue diezmando la capacidad operativa del ERP, que luego del fallido intento del copamiento de Monte Chingolo en diciembre de 1975, quedó reducido a su mínima expresión.
Santucho y su lugarteniente Benito Urteaga resistieron con armas de puño a la partida del Ejército en Villa Martelli, pero no evitaron ser asesinados al igual que sus compañeros Liliana Delfino y Ana María Lanzilloto.
Segun la cronica del Sargento Víctor Ibáñez, Santucho le arrebató la pistola a Leonetti y le pudo disparar, causándole la muerte, antes que los restantes miembros de la patota los ametrallaran a todos.
Ese mismo día Santucho y Urteaga tenían planeado volar a Cuba para organizar desde el exterior la resistencia politica a la dictadura militar, pero un poco por el azar y otro por el cerco cada vez más estrecho que se ceñia sobre toda la organización se frustraron esos planes.

Urteaga murió en el lugar y Santucho fue arrastrado agonizante hasta Campo de Mayo, donde al comprobar de quién se trataba fue exhibido moribundo durante varios días a otros detenidos-desaparecidos.
Su cuerpo nunca apareció. Ibáñez sostiene que fue preservado químicamente por sus captores como un fetichista trofeo de guerra del "Museo de la Subversión" que utilizaba el represor Domingo Bussi:

"Cuando Bussi se hizo cargo del Comando ordenó construir en un sector de Campo de Mayo un museo de la subversión. A Bussi le gustaban los museos. Ya había organizado uno en el Primer Cuerpo de Ejército, y otro en Tucumán. Ahí metía libros, panfletos, objetos y armas incautadas a los guerrilleros. También armaba como escenas que mostraban la actividad guerrillera personificadas con maniquíes, vestidos según cada caso.

"Pero en el museo de Campo de Mayo, en vez de un maniquí de Santucho, Bussi puso su verdadero cuerpo en exposición. No sé cómo habrán hecho para conservarlo durante dos años, ni dónde lo mantuvieron escondido todo ese tiempo. Pero lo cierto es que a Santucho lo usaron como maniquí de Santucho. Y Bussi estaba satisfecho, a él le gustaba hacer como que todo lo que hacía era perfecto. Armaron el museo en un lugar chiquito, aprovechando lo que antes había sido la casa del intendente de la guarnición de Campo de Mayo. Y todos los días había un desfile militar que terminaba en la puerta del museo en el que estaba el cuerpo de Santucho, justo donde Bussi había ordenado construir un terraplén en el que él se instalaba para que cada mañana los efectivos le rindan honores."

Muerto Santucho, el ERP fue desgajándose hasta disolverse oficialmente pocos años después.
Montoneros, en cambio, la otra gran organizacion armada insurgente de los años 70 en la Argentina, mantuvo a sus líderes activos en el exilio cubano, mexicano y europeo durante toda la dictadura militar, pero nunca pudo reinsertarse en la sociedad argentina ya sea como movimiento político o como organización político-militar.
A diferencia del ERP, de clara inspiración marxista, los Montoneros tenían un origen ultracatólico y se autorreferían como peronistas.
Luego de la "primavera democrática", muchos de sus cuadros medios y altos se pasaron al liberalismo menemista en los 90, y otros (o, en algunos casos, los mismos personajes) hoy son funcionarios del cualunquismo kirchnerista.

La mayoría de la juventud, esa imprecisa generación que en los 70 quería terminar con la injusticia y alumbrar al "hombre nuevo", hoy tiene en nuestras democracias de baja intensidad varios caminos para ejercer su libertad :
el consumismo de elegir autos, drogas de diseño , electrodomésticos de última generación y destinos turísticos para los que tienen poder de consumo;
la explotación, el desempleo, la miseria o la delicuencia para los demás.

No me pregunten quien soy
ni si me habían conocido
los sueños que había querido
crecerán aunque no estoy.

Ya no vivo, pero voy
en lo que andaba soñando
y otros que siguen peleando
harán nacer otras rosas
en el nombre de esas cosas
todos me estarán nombrando.

No me recuerden la cara
que fue mi cara de guerra
mientras hubiera en mi tierra
necesidad de que odiara.

En el cielo que ya aclara
sabrán cómo era mi frente.
Me oyó reír poca gente
pero mi risa ignorada
la hallarán en la alborada
del día que se presiente.

No me pregunten la edad
tengo los años de todos
yo elegí entre muchos modos
ser más viejo que mi edad.

Y mis años de verdad
son los tiros que he tirado
nazco en cada fusilado
y aunque el cuerpo se me muera
tendre la edad verdadera
del niño que he liberado.

Mi tumba no anden buscando
porque no la encontrarán
mis manos son las que van
en otras manos tirando.

Mi voz, la que está gritando
mi sueño, el que sigue entero
y sepan que solo muero
si ustedes van aflojando
porque el que murió peleando
vive en cada compañero.

Milonga del fusilado
(C. M. Gutiérrez y J. L. Guerra)

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